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Cambio de ciclo

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Las cosas están cambiando siempre, pero ahora se acumulan las que vamos a tener que cambiar. Estamos en un momento de cambio de ciclo. En un momento en que en buena medida nos veremos obligados a refundar el país y habrá que hacer algo así como una nueva transición, porque pocos de los anteriores equilibrios logrados en nuestra convivencia parecen ahora servir.
Esto ocurre en la economía, la política y la sociedad dónde, como en los momentos especiales de nuestra historia, se solapan y superponen demasiadas crisis.
Los equilibrios que han pervivido durante décadas, se han agotado. Hasta las muertes todavía recientes de Fraga y de Carrillo o la presencia ausente de Adolfo Suárez, parecen simbolizar el final de los equilibrios alcanzados durante la transición.
Estamos ante un cambio de ciclo, ante un mundo que ha cambiado mucho y parece andar buscando su sitio; un mundo que es profundamente diferente, que requiere una refundación de las bases para la convivencia, la cohesión, el crecimiento y el bienestar de las próximas décadas.
Una tarea ingente, para la que harán falta nuevas figuras de talla como las de entonces y que ahora no acaban de surgir. Harán falta nuevas ideas que no logran cristalizar, nuevas visiones que no terminan de cuajar. Y harán falta determinaciones que no se acaban de tomar y que son hoy más necesarias que nunca para que este país, esta sociedad y esta economía no hagan ningún camino de retorno al pasado sino de regreso el futuro, como en otra ocasión clave de nuestra historia se supo hacer.
Pero sobre todo, hará falta recobrar la confianza en nuestra capacidad para cambiar las cosas y contar con un aliento de esperanza para saber que los sacrificios que estamos haciendo tendrán una recompensa y un final.
Aunque los tiempos no lleven precisamente al optimismo, hago mías las palabras de Eduardo Galeano: “dejemos el pesimismo para tiempos mejores”.

 

El economista en su laberinto

 

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El laberinto de la economía.

Que la economía es un laberinto puede constituir una creencia para quienes la contemplan desde la distancia, ajenos pero sometidos a sus preceptos, recelosos ante sus insondables mundos y sus crípticos mensajes. Pero es también una constatación para quienes vivimos en estrecho contacto con ella. El primer laberinto de los economistas es, pues, el de su propio campo de trabajo, el de la economía. Incluso es laberíntica su propia definición. “Economía es lo que hacen los economistas” declara esa conocida definición de Jacob Viner que más que esclarecer viene a revelar el confuso panorama de nuestra disciplina. No se si por transposición podría llegar a admitirse que “economistas son los que hacen economía”, pero en uno y otro caso, contempladas así las cosas, seguiríamos oscilando entre la duda y la perplejidad al contemplar la diversidad de lo que hacen los economistas. ¿Qué es, pues, esa laberíntica disciplina llamada economía y esos seres que la pueblan llamados economistas? ¿De qué hablamos cuando hablamos de economía?, porque es posible, como señalara Robbins, que “todos hablemos de lo mismo si bien no nos hemos puesto de acuerdo sobre el objeto de nuestra conversación”.

Les he prometido atajos y, para no hacer pesado el camino, tomo ya uno de ellos para resumir algunas ideas. La primera es que la economía es una especie de árbol con muchas ramas unidas por el tronco común del razonamiento económico y que ese modo de razonar y de concebir el mundo es uno de los elementos que más contribuye a definir y a identificar los perfiles de la profesión de economista. La segunda idea es que se trata de una disciplina en construcción cuya trayectoria está marcada por la búsqueda permanente de un canon científico y metodológico, por la pretensión casi obsesiva de alcanzar el reconocimiento como ciencia. La tercera idea es que la economía ha avanzado mucho y que a la vez que ha experimentado avances muy sensibles en la capacidad analítica y en los instrumentos se ha resentido en la visión de su objeto y su finalidad y ha puesto al descubierto sus importantes limitaciones para entender y afrontar los problemas de la realidad. Veamos brevemente estas cuestiones.

¿De qué trata, pues, la economía?  Si nos fijamos en los temas, en las preocupaciones, en los enfoques, habrá que repetir que la economía es como un árbol con muchas ramas, con tantas ramas que a veces impiden ver el bosque. Y si no llega a ser una torre de babel es porque compartimos un mismo lenguaje. En el difícil empeño de delimitar un objeto de la economía quizá no haya otro recurso más gráfico que el sugerido por el propio J.S. Mill: el de “la muralla de una ciudad que se construye, usualmente, para circunscribir las edificaciones ya existentes”. Clásicos, neoclásicos, marginalistas, liberales, marxistas, keynesianos, monetaristas, schumpeterianos, neoliberales, son algunos de los habitantes a los que circunda esa muralla. Y como si hablásemos de los diferentes barrios de esa ciudad, a la economía se le han ido poniendo apellidos: financiera, monetaria, regional, internacional, del sector público, etc.

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En esto creo

Cuadro

 

Uno. En esto creo.

Recojo el título del libro de Carlos Fuentes para decir que creo en la universidad de la docencia que enseña a aprender, de la investigación para transferir y no atesorar, de la Extensión Universitaria que abrió caminos desde nuestro claustro, del servicio público eficiente y del pensamiento con dimensión social. Creo en la universidad de las personas y de la vida, de la autonomía y del compromiso, en la universidad capaz de dar respuestas pero que nunca deje de hacerse preguntas, que frente a lo consabido se interese por lo que hay que saber y que se concibe a si misma como una gran fábrica de oportunidades para el progreso y la cohesión social.

“Se que somos la suma/ de instantes sucesivos/ que el tiempo no destruye”, como dijo el poeta Pepe Hierro, y por eso creo ante todo en el valor y la fortaleza de esta institución que ha sobrevivido por combinar tradición e innovación, por tener tradición de futuro, por articular estabilidad y cambio, por contar con personas que supieron ser de su tiempo para hacerla progresar con continuidad y sin vaivenes.

Creo en la universidad como espacio tejido de curiosidad intelectual, como ámbito privilegiado del argumento y la conversación, de las palabras ya dichas y de las palabras que están por decir y como lugar de reflexión para escapar del limitado horizonte de lo inmediato.

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Presentación de finanzasparamortales

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Alejandra Kindelán, Ángel Gabilondo,

María Garaña y Juan Vázquez

Madrid, diciembre 2012

 

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Prosas sueltas. Libro de Juan Vázquez

Prosas sueltas

 

 

 

¿En qué consiste un rescate?

Paul A. Samuelson

Joseph Stiglitz

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Ken Rogoff Debts, Deficits and Global Financial Stability (Subtitulado español)

Ken Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard, es autor junto con Carmen Reinhart de uno de los libros de referencia y de mayor difusión sobre la crisis , “Esta vez es diferente. Ocho siglos de locura financiera”, en el que realiza un exhaustivo y documentado recorrido histórico por las crisis financieras. En los últimos años, Rogoff se ha convertido en una de las voces más autorizadas en el análisis de la crisis económica y ha desplegado una intensa actividad exponiendo visiones como la que ofrece en este video que recoge la conferencia pronunciada en el King´s Insititute for New Economic Thinking sobre la deuda, el déficit y la estabilidad financiera global.”