Los días que pasan

Lo que el tiempo da

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Lo que el tiempo da

Independentismo ¿friendly?

 

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Lo que ha sucedido (suceso es el término más adecuado) en el Parlamento catalán, no es solo una declaración de independencia sino además de insurgencia y, para llamar a las cosas por su verdadero nombre, convierte al pretendido “independentismo friendly” en “independentismo insurgente”. More

Emergentes

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libro

El valor de las ideas

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El valor de las ideas1

 

 

 

 

 

Conversar

Conversar

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Paradojas

 

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Mientras más evidencias nos muestra una realidad que hay días que se convierte en desoladora, más se revelan sus múltiples paradojas. La desigualdad y las amenazas a la cohesión son, desde luego, algunas de las principales.

Pero también resulta paradójico que la tecnología sea innovadora y que no lo sea el pensamiento; que todos hablemos de innovación y que haya pocas innovaciones en lo que decimos; que se piense que para afirmar identidades es necesario poner fronteras; que en vez de afrontar la globalidad se  busquen refugios locales; que tengamos conciencia de ir sin rumbo, pero que sigamos la corriente. More

MEMES

 

154Ya no me sorprende, pero cada año constato que un número mayor de mis estudiantes no solo se comunica sino que se informa en las redes y a través de internet. Si los jóvenes no leen periódicos, pobres diarios y, sobre todo, pobres ediciones en papel.
Quizá porque no lo manejo bien ni lo entiendo del todo, me fascina lo que se relaciona con la comunicación en internet. Me maravilla y no deja de aterrarme a la vez. Es indudable que las redes ofrecen insospechadas posibilidades y que han democratizado la información. Pero también que existe un riesgo cierto de manipulación; que al tiempo que dan acceso a una ingente información, establecen una brecha insalvable entre los grupos sociales que la generan y los que la consumen; que igual que amplían la información, la simplifican a la vez.

Vivimos en la época de las “ideas contagiosas”, de los mensajes comprimidos, del manejo de las emociones, del dominio del continente sobre el contenido, de la apariencia sobre la sustancia, del lema sobre el pensamiento, de la información universal y de la universal manipulación de la información. More

Los días que pasan

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La inversión retrocede 25 años. Éste es uno de los titulares más significativos que nos deja el proyecto de presupuestos generales del Estado para 2014.

Lo que la economía nos ha dicho siempre es que no hay crecimiento sin inversión en capital, en stock de capital público y en capital empresarial. Hasta aquí, nada que no sea de manual; es decir, nada que precisamente por sabido podamos olvidar.

Más que un vuelo, es un difícil equilibrio de planeo lo que afronta la economía si no se encienden, al menos uno, de los motores del consumo o de la inversión. Porque lo que no se puede es parar todo; y mucho menos parar todos a la vez.

Por eso, lo que precisamos es justamente lo contrario. Ya sé que no podremos llegar a las cotas del pasado pero lo que necesitamos no es menos sino más inversión.

No sólo más, sino mejor y distinta inversión. Importa el volumen, pero ahora importa más la composición y ello obliga a revisar unas orientaciones del pasado que nos han dejado la curiosa paradoja de lo que sobra y de lo que falta, de indudables carencias y de simultáneos, notorios y bien conocidos excesos de capacidad.

Hacen falta, además, inversiones con mejores rendimientos y resultados, porque cuando la provisión de capital es eficiente ofrece oportunidades de crecimiento, pero cuando es inadecuada incurre en importantes costes de oportunidad.

Y resulta imprescindible una distribución equilibrada del stock de capital y de la inversión, porque en ello se juega no solo la capacidad sino la igualdad de oportunidades para el crecimiento territorial.

En esto es en lo que una vez más Asturias no parece salir bien parada. Que la inversión retroceda en 25 años es una llamada al retroceso general de nuestro país y de nuestra región. No sé cómo alguien se atreve a decir después que éstos son unos presupuestos para la recuperación.

 

PARADOJAS DE LA AUSTERIDAD

una decada perdida

En medio de la sucesión de malas noticias económicas, hay un aspecto positivo de la economía española que conviene resaltar: es el favorable comportamiento de la exportación.

Ante la pavorosa caída de la demanda interna que han provocado las políticas de austeridad, la demanda externa ha actuado como colchón que ha impedido una caída de mayor entidad. Ya sé que es como volar con un único motor, pero ese motor es el que nos está permitiendo mantener el vuelo.

Las exportaciones españolas se están comportando no solo muy favorablemente durante la crisis, sino incluso mejor que en la mayoría de los países de la UE y eso, junto al freno de las importaciones, nos ha permitido recuperar un equilibrio indispensable, el de la balanza exterior.

Pero ese favorable comportamiento de las exportaciones pone de manifiesto otro hecho muy relevante y que ha de darnos alguna confianza en medio de tanto desánimo. El hecho de que somos más competitivos de lo que a veces creemos y decimos. El hecho de que el problema español no es de competitividad, al menos en un buen grupo de sectores y actividades. El hecho de que hay oportunidades para el crecimiento, como ha ocurrido con las exportaciones de medicamentos españoles, que han progresado de modo muy significativo en los últimos años.

Pero vivimos una curiosa paradoja. Las exportaciones han sido el bálsamo de los efectos demoledores de las políticas de austeridad. Pero a la vez esas políticas de austeridad pueden afectar seriamente a nuestras exportaciones. Políticas de estímulo como las que ha emprendido el Banco de Japón, como las que practican los Bancos Centrales de Inglaterra o de Estados Unidos, con millonarias inyecciones monetarias, tendrán el efecto de devaluar sus monedas y facilitar las exportaciones de estos países, mientras la austeridad monetaria del Banco Central Europeo tiene el efecto contrario, el de revaluar el euro y dificultar las exportaciones de un área en recesión.

Otra, y muy llamativa, paradoja de la austeridad.

Cambio de ciclo

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Las cosas están cambiando siempre, pero ahora se acumulan las que vamos a tener que cambiar. Estamos en un momento de cambio de ciclo. En un momento en que en buena medida nos veremos obligados a refundar el país y habrá que hacer algo así como una nueva transición, porque pocos de los anteriores equilibrios logrados en nuestra convivencia parecen ahora servir.
Esto ocurre en la economía, la política y la sociedad dónde, como en los momentos especiales de nuestra historia, se solapan y superponen demasiadas crisis.
Los equilibrios que han pervivido durante décadas, se han agotado. Hasta las muertes todavía recientes de Fraga y de Carrillo o la presencia ausente de Adolfo Suárez, parecen simbolizar el final de los equilibrios alcanzados durante la transición.
Estamos ante un cambio de ciclo, ante un mundo que ha cambiado mucho y parece andar buscando su sitio; un mundo que es profundamente diferente, que requiere una refundación de las bases para la convivencia, la cohesión, el crecimiento y el bienestar de las próximas décadas.
Una tarea ingente, para la que harán falta nuevas figuras de talla como las de entonces y que ahora no acaban de surgir. Harán falta nuevas ideas que no logran cristalizar, nuevas visiones que no terminan de cuajar. Y harán falta determinaciones que no se acaban de tomar y que son hoy más necesarias que nunca para que este país, esta sociedad y esta economía no hagan ningún camino de retorno al pasado sino de regreso el futuro, como en otra ocasión clave de nuestra historia se supo hacer.
Pero sobre todo, hará falta recobrar la confianza en nuestra capacidad para cambiar las cosas y contar con un aliento de esperanza para saber que los sacrificios que estamos haciendo tendrán una recompensa y un final.
Aunque los tiempos no lleven precisamente al optimismo, hago mías las palabras de Eduardo Galeano: “dejemos el pesimismo para tiempos mejores”.