Bienvenidos al Norte

2014 - 467En el particular juego de tronos al que también sucumben las palabras, resiliencia es una de las que ha logrado escalar posiciones de protagonismo últimamente. De ella arranca este trabajo, que muy merecidamente ha alcanzado el prestigioso premio de investigación del Consejo Económico y Social (CES) de Asturias, no por el prurito de sumarse a la pasarela del diccionario de las modas, sino con el propósito de diseccionar analíticamente el comportamiento del conjunto de las regiones españolas, con inevitable parada final en Asturias.

Tiene quizá por eso este trabajo una sustancia que se teje en una especie de juego de palabras: de palabras nuevas enfrentadas a dilemas viejos, de etiquetas de ahora que renombran inquietudes de siempre. Con unas denominaciones u otras, el territorio por el que nos adentra el estudio -de un modo oportuno, ambicioso y concluyente- es el de la evolución del ciclo económico regional de las últimas décadas, para explicarnos que cada crisis tiene su propia geografía y casi me atrevería a añadir por mi cuenta que para mostrarnos que Asturias parece formar parte de la geografía de todas las últimas crisis.

A través de la estimación y el tratamiento, pulcro y cuidadoso, de series de empleo, de datos de creación y destrucción de empresas y de empleo autónomo, para tratar de establecer la relación entre resiliencia y emprendimiento, y mediante el uso de técnicas “shift-share” para deslindar el efecto sectorial del efecto competitivo en el comportamiento de las regiones, el estudio nos conduce por un paisaje de 40 años que contrapone dos momentos de recuperación con tres etapas de crisis.

No me parece que deba sustraerles con este prólogo el gusto de descubrir por sí mismos, mediante una lectura atenta y completa a la que les invito, las principales aportaciones del estudio. Pero para incitarles a ello, tampoco me resisto a apuntar siquiera, a modo de aperitivo y aunque sea a brocha gorda, algunos de los trazos principales que a lo largo de su desarrollo se dibujan.

El primero de esos trazos nos muestra un mapa regional de la resiliencia, es decir de la capacidad para resistir a los shocks y para sobreponerse a ellos, que se inclina (¿definitivamente?) hacia el sureste, alejándose de las regiones del noroeste en las que el impacto de las crisis es menor pero también su recuperación y su dinamismo. Algo que ya se expresa en un simple, contundente y casi demoledor dato: Asturias y Galicia son las únicas Comunidades Autónomas que no habían logrado recuperar en 2016 el nivel de empleo total existente en 1976.

Lo que pretende mostrar el segundo de los trazos son las razones por las que los territorios se adaptan con más facilidad o dificultad a las crisis y por las que retornan más rápida o lentamente, más intensa o débilmente, a la senda del crecimiento. La respuesta se encuentra en las fortalezas de cada región, que son las que explican el comportamiento diferencial por encima de su estructura y especialización productiva o, dicho con otras palabras, que importa mucho más el efecto competitivo que el sectorial. Y, como las estimaciones realizadas en el estudio ponen en evidencia, ello conduce nuevamente a concluir que el menor dinamismo territorial se registra en las regiones del noroeste español.

El tercer trazo pone el foco específicamente en Asturias para dibujar el rostro de la crisis en nuestra región, para constatar la debilidad de la recuperación de nuestra economía, el reducido ámbito de las ramas con fortalezas específicas y mayor dinamismo que la media nacional y, en cambio, el casi apabullante dominio de aquellas que presentan registros globales desfavorables que, en la mayor parte de los casos, se explican por la existencia de efectos competitivos negativos.

De esos resultados se desprende “la importancia que para las regiones españolas y, en particular, para Asturias tiene el concepto de competitividad regional”, como señalan los autores, así como la falta de dinamismo económico de nuestra región en comparación con la media nacional. Y ello me lleva a repetir lo que ya he escrito en otras ocasiones: que Asturias tiene la imperiosa necesidad de orientar sus estrategias hacia el dinamismo económico y la competitividad, tanto para corregir los déficits de crecimiento registrados como para poder garantizar por esa vía la sostenibilidad de los importantes logros alcanzados en la esfera de la distribución. Algo que obligaría a replantear las bases que impregnan ciertos discursos y orientaciones de las políticas dominantes en la actualidad y a hacer que, en estos momentos, la gran prioridad regional se centrase verdaderamente en la creación de empleo, el crecimiento y la competitividad de las empresas y de nuestro sistema productivo.

Habría un cuarto trazo, en este caso todavía por pintar, que remite no ya a lo que el estudio demuestra sino a lo que sugiere, no a lo que concluye sino sobre lo que interroga, y que deja abierto un espacio para la reflexión en varias direcciones de particular interés para Asturias. Entre otras: en la idea de que las economías protegidas parecen encajar inicialmente mejor las crisis pero son menos capaces de aprovechar las ventajas de las fases de crecimiento; en la aparente paradoja de que la resistencia (al cambio) hace a las economías menos resistentes (al ciclo) y en el hecho de que la capacidad de adaptación es lo que hace a las economías menos vulnerables; en la necesidad de seguir profundizando en las relaciones entre resiliencia y emprendimiento y en las consecuencias que de ello pudiesen desprenderse; o en la oportunidad de ampliar y contrastar un análisis de la resiliencia como éste incorporando otros indicadores adicionales y complementarios al del empleo.

No quiero concluir, desde luego, sin referirme a los verdaderos protagonistas del estudio y sería mucho, y bueno, lo que podría decir de unos autores con los que tengo el gusto de compartir vida académica desde hace ya años. Pero voy a resumirlo (sin necesidad de análisis “shift-share” alguno) en que son verdaderamente resilientes.  Es decir, resistentes en las dificultades y dinámicos en las oportunidades y este trabajo constituye una prueba más de ello. Un estudio que muestra su forma de trabajar rigurosa, pulcra y consistente; que ha sido cocinado con los ingredientes propios de la mejor receta de siempre: la combinación de teoría, instrumental y evidencia empírica; y que, sazonado con la pizca necesaria de interpretación, recomendaciones, y hasta buenas dosis de sentido común, ofrece conclusiones relevantes para el diseño y el desarrollo de las políticas regionales. Una muestra más, en fin, que caracteriza una trayectoria mantenida por los autores que ya se consolida, que ofrece espléndidos resultados como éste y que les otorga el sello de un probado oficio de investigadores.

“El análisis específico de Asturias no deja muchos datos para el optimismo”, sentencian casi al final y de modo rotundo los propios autores. Pero más que en la región que fue, ahora toca pensar en la región que puede ser, en la que queremos que sea, y para no quedarme, ni dejarles, con ese sabor amargo, me viene a la cabeza la película francesa dirigida por Danny Boon que, como todas las comedias, tiene un final feliz. Así que “Bienvenidos al Norte”.