Hunosa: más que una empresa

51Provengo de un lugar, un ambiente  y una época en que Hunosa siempre fue mucho más que una empresa. De un lugar, las Cuencas Mineras, de hombres bregando en el subsuelo para poder mantenerse a flote en la superficie; de aldeas recrecidas por el carbón; de casas encaramadas por las pendientes; de valles verdes ennegrecidos y convertidos en talleres; de modos de vida en que el trabajo, la familia y el ocio se entremezclaban en los corredores de las Colominas; de un continuo-discontinuo de pueblos en un territorio fragmentado y al tiempo reunido bajo Hunosa como único Estado-nación.

De un ambiente de castilletes y chimeneas formando un “skyline” minero presidido por la  hache de Hunosa; de paisajes verticales, con montañas donde dominaba la naturaleza, valles angostos donde bullía la vida y profundidades subterráneas donde reinaba la oscuridad reluciente del carbón. Un ambiente de rostros tiznados, llamadas de “turullos” al cambio de relevo, encierros y entierros, estruendo de petardos en la protesta y silencios sobrecogedores en el dolor de la tragedia.

De una época en que las aspiraciones juveniles se dividían en dos, con Hunosa por el medio: escapar o entrar en la mina; en que la estratificación social se jerarquizaba también a través de Hunosa: peones, picadores, capataces y (sumos sacerdotes) ingenieros. Una época en blanco y negro, de luces y oscuridades, de dureza y fragilidades, de hombres recios y mujeres esforzadas, que evoca míticas de pozo minero, carencias y derroches, crecimiento y declive, inviernos húmedos (al relente de la cocina de carbón) y veranos en Perlora (esa joya hoy desaprovechada) entonando la canción de “la mina y el mar”.

Ese lugar, ese ambiente y esa época, me permitieron contemplar el nacimiento de Hunosa (¿embarazo no deseado?), su crecimiento hasta perder la edad de la inocencia, su madurez y su declive, siempre como la crónica de una muerte anunciada y de una vida milagrosamente estirada. Me permitieron constatar que al impregnar el tejido de la vida económica, social y política de la región, Hunosa más que una empresa representaba un modo de vida, un estilo, un modelo productivo y una imagen de Asturias que quedará para la historia y que el tiempo tardará en borrar.

Quizá porque mi niñez sigue viviendo en las Cuencas, el destino me concedió un día el honor de ser el Rector de la Universidad de Oviedo que inauguró el nuevo Campus de Mieres: ese anhelo de los visionarios que desde la oscuridad del pozo Barredo vislumbraron la luz de la superficie e imaginaron una universidad al lado del castillete; ese proyecto de quiénes pensaron juntos el taller y las aulas y una explotación minera reconvertida en factoría del conocimiento; esa alegoría del transito del flujo de la energía mineral al de la energía intelectual; y, en fin, esa metáfora incluso de la propia historia de Hunosa.

Para muchos, Hunosa más que una empresa fue toda una vida. Y a esos es a los que quiero recordar, y homenajear, con estas palabras, hoy que Hunosa ya se ha hecho mayor.