Economía y tecnologías: ideas disruptivas

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Es un hecho conocido que los efectos disruptivos del acelerado desarrollo tecnológico de nuestros días se extienden a muy diversos ámbitos y, entre ellos y de modo muy destacado, al de la economía.

Las transformaciones radicales que, inducidas en gran medida por las nuevas tecnologías, se están registrando en el mundo económico son numerosas y visibles en fenómenos como los que, entre tantos otros, se citan a continuación.

Surge la economía de lo gratuito, así como de lo intangible donde se encuentran algunas de las empresas más valoradas y se concentran importantes inversiones. La llamada (a veces impropiamente) economía colaborativa experimenta un intenso auge con múltiples plataformas que se expanden y desplazan a sectores y entidades tradicionales. Con inusitada rapidez se instalan y consolidan globalmente nuevas empresas y modos de producción al tiempo que desaparecen viejos iconos (véase Alibaba versus Kodak, por ejemplo). La renovación empresarial vive un ciclo acelerado y casi el 60% de la lista Fortune de las mayores empresas no existían hace apenas dos décadas. Se asientan nuevos perfiles de consumidores y usuarios, nuevos tipos de demanda y de mecanismos de distribución y publicidad, con singularización de productos y ofertas y desarrollo de canales en la Red. Emergen nuevos patrones de un empleo incierto, cambiante y paradójico al convivir el desempleo con las vacantes en “digital skills”.

Aun podrían citarse muchos otros ejemplos, pero todo ello no es más que la punta del iceberg de la transformación radical que está generando en las pautas, los procesos y la organización económica el desarrollo de las nuevas tecnologías y que anuncian las tres grandes revoluciones en marcha: las de la biotecnología, la robótica y la inteligencia artificial.

Nuevas reglas

Pero mi intención no es detenerme en estos fenómenos bien conocidos, sino en algo que ha suscitado menor atención: los cambios disruptivos que todo ello comporta para una teoría y unos instrumentos económicos que se han ido quedando rezagados ante tales transformaciones y que parecen más diseñados para realidades del siglo XX que del XXI.

Lo que me parece más fundamental, y menos resaltado, es que con el surgimiento de esta nueva economía aparecen nuevas reglas que están alterando los propios fundamentos del sistema en múltiples ámbitos: en el propio objeto de la economía, en los mecanismos de formación de precios, en el comportamiento de los usuarios, el consumo y la distribución, en la organización empresarial, en los esquemas del empleo o en las estrategias productivas. Dicho de otro modo, los viejos paradigmas económicos están siendo sustituidos por nuevos y disruptivos paradigmas, a algunos de los cuales aludiré brevemente a continuación.

En terrenos como el de la información y los datos, se altera el clásico objeto de la economía como ciencia de la asignación eficiente de recursos “escasos”, para afrontar el desafío de convertirse en una ciencia ocupada igualmente de la elección en contextos de “abundancia”.

Modelos obsoletos

Los modelos económicos tradicionales, con una intrínseca orientación a la búsqueda permanente del equilibrio, parecen en trance de quedar obsoletos con el paso de una economía del equilibrio a otra del desequilibrio y la disrupción permanente.

La oferta y la demanda, convertidas en un “click” y en una permanente subasta en el espacio virtual de la Red, abren paso a mercados más transparentes y dinámicos que están alterando profundamente los antiguos mecanismos de formación de precios, y fórmulas como las ya habituales en la contratación de hoteles o de pasajes aéreos, por ejemplo, son apenas un anticipo de lo que está por venir.

El tradicional papel de los intermediarios en economía está sujeto a una profunda reformulación (piénsese en las agencias de viajes o en la propia función de la banca en el futuro, por ejemplo) generando procesos de desintermediación o de reintermediación, con nuevas reglas, procesos y agentes.

El paso de las monedas al dinero en un chip, el surgimiento de criptomonedas, la extensión de los pagos digitales y de las experiencias “cashless”, apuntan a la próxima desaparición del efectivo y obligan a un completo replanteamiento del papel del dinero o de los instrumentos de política monetaria en un contexto de movimientos de capitales cada vez más globales, más virtuales y seguramente más incontrolables.

El influjo del big data

En el management se evoluciona desde el arte a la ciencia, los modelos predictivos y de toma de decisiones se asientan en el manejo del big datay las empresas empiezan a convertirse en verdaderos “laboratorios de datos”, al tiempo que se transforman radicalmente los modelos de negocios y de organización empresarial y nos encontramos con la paradoja de contar con mercados más transparentes y a la vez con mayores niveles de concentración y tendencias al monopolio, con gigantes en la cima y pequeños jugadores en la base.

Los empleos de futuro resultan cambiantes e inciertos, desaparecen con rapidez puestos de trabajo tradicionales y surgen ocupaciones inimaginables, se difuminan las jerarquías laborales y se produce un desacoplamiento y una ruptura del vínculo tradicional entre productividad, crecimiento y empleo, que lleva a asociar la idea de progreso con la amenaza de pérdida de ocupación, como ocurre con el fenómeno de la robótica.

Y asistimos a grandes cambios en la gestión y difusión del conocimiento en abierto, al surgimiento de nuevas estructuras bajo fórmulas de ecosistemas de innovación, a la expansión de innovadores canales de difusión, comercialización y publicidad y al asentamiento de nuevas actitudes de los usuarios convertidos en muchas ocasiones en “prosumidores”.

En fin, ideas disruptivas para una nueva economía que, quizá por vez primera en la historia, enfrenta (entre la oportunidad y el desconcierto) nuevos paradigmas que ponen en cuestión su misma naturaleza y esencia: escasez y abundancia, desequilibrio y disrupción permanente, transparencia y mayor concentración, consumidores y productores a la vez, bienes para acceder en vez de poseer, subastas en la Red, crecimiento sin empleo, mercados sin modelos de negocio, trabajo sin remuneración, consumo sin precios, economía de lo intangible y hasta de lo gratuito (¡!). ¿No es esto una verdadera revolución?