“En Asturias se han generado más consensos para resistir que para cambiar”

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Entrevista a Juan Vázquez

(Catedrático de Economía Aplicada; ex rector de la Universidad de Oviedo)

La Nueva España, 7 de octubre de 2018

 https://www.lne.es/economia/2018/10/07/asturias-han-generado-consensos-resistir/2359723.html

 En estos diez años desde la crisis ¿se perciben cambios estructurales en la economía asturiana?

 Si, sin duda, porque su impacto se ha dejado notar gravemente en muchos sectores, en el crecimiento, el desempleo o la desigualdad. El principal legado de una crisis es que las cosas ya no vuelven a ser igual y, junto con el efecto de las nuevas tecnologías, está en el origen de los profundos cambios que se están registrando en la economía. Aunque eso no es incompatible con que en Asturias se mantengan también viejos y recurrentes problemas o con que aquí hayamos ido un tanto a remolque de algunos de esos cambios. Pero al lado de las viejas, también se percibe el surgimiento de nuevas actividades y estructuras, que ofrecen una imagen dual de nuestra economía, y aunque sigan teniendo un indudable peso las imágenes y discursos del pasado hay un significativo sector de nuevas o renovadas actividades.

¿Por ejemplo?

En el sector alimentario; en el desarrollo de energías renovables en el país del carbón; en las empresas surgidas en lo que hace años se me ocurrió llamar la “milla del conocimiento” (y me alegra que haya prendido la denominación); en departamentos de I+D como los de Thyssen y Arcelor; en Gondán donde se hacen barcos que incorporan una tecnología puntera, entre varios  otros.

¿Y cambios de coyuntura? ¿Hay singularidad asturiana en los datos de ralentización?

 La recuperación tras la crisis se desacelera: desaparecen los “vientos de cola” y aumentan las incertidumbres internas y externas de signo político y económico. En términos de crecimiento o de consumo, por ejemplo, el ejercicio pasado fue bueno y los indicadores apuntan a que éste está siendo claramente peor. Lo que hay de fondo y de diferencial es que comparativamente la senda de la economía asturiana muestra desde hace años un retraso relativo en términos de dinamismo y competitividad. Por eso es imprescindible y urgente que las estrategias regionales se orienten decididamente hacia el dinamismo económico como gran prioridad. Eso es fundamental para el crecimiento, pero también para la redistribución, porque para repartir hay que crear.

¿Cuáles son los principales desafíos? ¿Sigue siendo los mismos que ya se detectaron sucesivas veces, incluidos el plan ERA o en los dictámenes del Consejo Asesor de Asuntos Económicos de la Presidencia del Principado?

 Los diagnósticos ya están de sobra hechos. A mi me produce incluso un cierto cansancio volver a lo de siempre, porque el reto no está en lo consabido sino en lo que queda por saber. De todos modos, creo modestamente que el ERA fue una gran aportación no solo a esos diagnósticos sino también a la definición de estrategias de futuro para la economía asturiana; pero es asombroso cómo ha cambiado el mundo en estos veinticinco años y, aunque se mantenga la esencia de muchas estrategias y objetivos, ya no podrían plantearse del mismo modo. Los documentos más recientes del Consejo Asesor creo que contienen elementos valiosos, al menos para la reflexión, en retos tan decisivos para la economía asturiana como la modernización de las Pymes, la mejora del sistema de innovación, la articulación territorial metropolitana, el sistema educativo o el mundo rural, entre otros.

Se plantea la ausencia de un proyecto regional de prioridades claras y apuestas sectoriales precisas. ¿Sigue habiendo una actitud de espera por la sociedad civil asturiana aguardando a que la política le resuelva la falta de dinamismo? ¿A quién corresponde ejecutar esa opción estratégica u otra mejor?

Desde luego que corresponde al conjunto de la sociedad, a todos, cada uno desde su posición, porque hace falta mucha gente a favor y, a veces, me parece que  aquí hay demasiada gente en contra para todo. Pero quiénes sin duda tienen una especial responsabilidad son los gobiernos y en general los representantes políticos y sociales que, a mi modo de ver, han de evitar enzarzarse en debates simbólicos que paralizan la acción política en los verdaderos problemas que hemos de afrontar, que han de moverse más por el rigor que por el halago a la opinión pública, que han de proponer algo de más alcance que el día a día, que han de comprender que algunas cuestiones ya no pueden concebirse como de derecha o de izquierda sino de vieja o nueva economía y sociedad y que han de lograr más consensos políticos básicos en cuestiones fundamentales.

 Se aducen carencias estructurales, como las viarias y las comunicaciones, pero a medida que se han ido mejorando no se ha producido el revulsivo que habían prometido las fuerzas económicas regionales si se le otorgaban los medios necesarios. ¿Sigue habiendo restricciones y estrangulamientos objetivos que expliquen un crecimiento tendencial menor que el promedio español?

 Nos hemos enredado más tiempo del debido en el asunto de unas infraestructuras que han mejorado sensiblemente y que lo que hay es que culminar cuanto antes para pasar página a otros temas. Tenemos retos muy decisivos como la financiación autonómica o el efecto de la transición energética y la descarbonización en nuestras principales industrias. Pero hemos de mirar, además, hacia ámbitos clave como los servicios avanzados de conocimiento, donde se ofrecen oportunidades y tenemos problemas de productividad, competitividad y adecuada densidad. A las políticas para retener y atraer talento, porque ésa es la gran competición actual, y para apoyar verdaderamente a los emprendedores (no estoy pensando en los “shows” de emprendimiento que a veces proliferan). A las medidas para reducir excesos de burocracia o aumentar las insuficientes dotaciones de capital riesgo. O al diseño de planes para desarrollar una poderosa agenda digital de la que carecemos no solo en Asturias sino en el conjunto de la economía española y que nos está conduciendo a un retraso de negativas consecuencias.

Se dijo también que la explicación de cierta anomalía y adormecimiento regional era la hegemonía de la empresa pública, el exceso de poder social y político del sindicalismo y la alta conflictividad laboral. ¿El relato dominante sigue describiendo una realidad ya superada?

Para mi lo malo de ese relato es que ha generado más consensos para resistir que para cambiar. Lo bueno del pasado es que ya es pasado y no hay que estar volviendo siempre a él, porque me parece, además, que ese relato ya no está presente en las nuevas generaciones que contemplan el mundo desde otras perspectivas y que paradójicamente sufren las incertidumbres de una economía que cada vez les pone las cosas más difíciles y, a la vez,  les lleva a considerar que el bienestar está garantizado y no es algo que se deba cada día ganar. Los relatos son fundamentales para movilizar a la sociedad en una u otra dirección y hay que cambiar ese viejo relato porque ha cambiado profundamente la economía y la sociedad.

 El envejecimiento de la población asturiana, el empequeñecimiento de la tasa de activos, la merma de relevo generacional ¿comprometen el futuro económico de la región y pueden explicar la insuficiencia de la iniciativa que detectan los estudios de emprendimiento?

 El envejecimiento es, sin duda, uno de nuestros principales problemas, cuya causa principal está en la falta de dinamismo y empleo. Ésa, me parece la clave, nada sencilla, para combatirlo, desarrollando a un tiempo políticas como las de conciliación y ampliación de ciertos servicios que pueden contribuir al rejuvenecimiento. Pero me temo que lo peor está por llegar, porque las previsiones indican un serio aumento de la tasa de dependencia a finales de la próxima década. Claro que, como hemos dicho desde el Consejo Asesor, también hay que contemplar el envejecimiento como una oportunidad, que no sé si está aprovechando, para desarrollar nuevas actividades vinculadas a las pautas y necesidades de esos segmentos de edad. Allí hablábamos por ejemplo de las oportunidades que se ofrecían para un polo regional de crecimiento y actividad articulado en torno a la salud, el turismo y la alimentación.

En todo caso, y aun cuando hay carencias y debilidades claras, ¿hay un exceso de derrotismo en Asturias?

 Yo tengo a veces la sensación de que hemos pasado de vivir en la protección a buscar el refugio (a veces disfrazado bajo nuestras identidades); a recluirnos en el confort en vez de salir a la intemperie de un mundo y una economía en profundo cambio; y que a en ocasiones nos comportamos como una sociedad a la defensiva y a remolque. Pero no seamos pesimistas, porque creo que hay poderosos sectores emergentes con nuevos enfoques a los que habría que dar más  protagonismo, más presencia e influencia de la que tienen, para que la escena no esté solo ocupada por representantes de la vida pública y se oiga más la voz y las visiones de los científicos, los innovadores, los creadores o los emprendedores, por ejemplo, para que no parezca que la realidad y la oficialidad van por caminos distintos. Después de mucho de tiempo de derrotismo, seguramente la asturiana es una sociedad que esté deseando poderse ilusionar.

¿Cómo está cambiando la economía?

 Los cambios ya están siendo espectaculares y en una década muchos sectores y actividades se parecerán poco a cómo son en la actualidad.  En cierto modo no hay una revolución sino una reinvención de la economía, porque conceptos como la producción, el consumo, el dinero, la distribución, han de ser profundamente revisados; porque están surgiendo nuevas reglas que alteran fundamentos tradicionales de la economía en la formación de precios, en el desarrollo de la economía de lo intangible, en el papel de los bancos y la intermediación, en un “management” que evoluciona del arte a la ciencia y unas empresas convertidas en laboratorios de datos, en la sustitución del afán de poseer bienes por el de acceder a servicios, en el precariado y las nuevas concepciones del empleo, las relaciones laborales, la organización y las jerarquías, por ejemplo. Las tecnologías lo están cambiando todo tan velozmente que hasta las webs o las apps están siendo ya superadas por una Inteligencia Artificial cuyos efectos sobre la economía no alcanzamos todavía plenamente a vislumbrar.

¿Nos estamos adaptando a esos cambios en Asturias?

 Este verano cuando visitaba la sede de Facebook en California tenía la sensación de no saber lo que allí estaba pasando, pero de saber que allí estaba pasando algo. No vamos a ser tan ilusos de imaginar una especie de “asturcon valley”, pero la inteligencia artificial ofrece oportunidades en sectores donde aun cuenta con un bajo grado de incorporación, como el comercio, la logística, la industria alimentaria, la educación, la sanidad, determinadas ramas industriales, el turismo o la gestión de recursos naturales. No sé si estamos pensando en todo esto en Asturias, pero de ello puede depender que seamos “disruptores” o “disruidos”.

¿Cuál habría de ser el papel de la educación en una estrategia de crecimiento para Asturias?

Eso daría para otra entrevista, así que déjeme decir tan solo un par de cosas relacionadas con lo anterior. Por un lado, que la simbiosis de universidades de prestigio con ciudades medias con alta calidad de vida, ofrece un entorno favorable para aprovechar oportunidades en la nueva revolución de la inteligencia artificial. Por otro lado, que tenemos que mirar a ese horizonte en la configuración de nuestras enseñanzas e investigación. Seguramente necesitamos una universidad más dual y pensar las titulaciones no solo desde la perspectiva de la ampliación de la oferta sino también del estímulo de la demanda para atraer más estudiantes hacia cualificaciones de futuro en las que habrá vacantes y quedarán puestos por cubrir.

¿Cómo cuáles?

Asturias necesitará más ingenieros, en particular en campos como el de la computación. Si hay un componente vital en la estrategia en torno a la eclosión de la inteligencia artificial es la atracción y el desarrollo del talento y, adicionalmente, en una educación que ha de tratar de integrar e hibridar los conocimientos, las herramientas y los lenguajes digitales en las disciplinas convencionales ya desde la escuela. Si hay una lengua que debería movilizarnos y un lenguaje que tenemos que hablar en el futuro es el computacional.