En esto creo

Cuadro

 

Uno. En esto creo.

Recojo el título del libro de Carlos Fuentes para decir que creo en la universidad de la docencia que enseña a aprender, de la investigación para transferir y no atesorar, de la Extensión Universitaria que abrió caminos desde nuestro claustro, del servicio público eficiente y del pensamiento con dimensión social. Creo en la universidad de las personas y de la vida, de la autonomía y del compromiso, en la universidad capaz de dar respuestas pero que nunca deje de hacerse preguntas, que frente a lo consabido se interese por lo que hay que saber y que se concibe a si misma como una gran fábrica de oportunidades para el progreso y la cohesión social.

“Se que somos la suma/ de instantes sucesivos/ que el tiempo no destruye”, como dijo el poeta Pepe Hierro, y por eso creo ante todo en el valor y la fortaleza de esta institución que ha sobrevivido por combinar tradición e innovación, por tener tradición de futuro, por articular estabilidad y cambio, por contar con personas que supieron ser de su tiempo para hacerla progresar con continuidad y sin vaivenes.

Creo en la universidad como espacio tejido de curiosidad intelectual, como ámbito privilegiado del argumento y la conversación, de las palabras ya dichas y de las palabras que están por decir y como lugar de reflexión para escapar del limitado horizonte de lo inmediato.

Cuentan que cuando un equipo de la televisión española grababa imágenes en el barrio indígena del Chaco una niña se acercó para preguntar “yo quiero saber de qué color mira usted las cosas”. “Del mismo que tú, sonrió el cámara”. “¿Y cómo sabe usted de qué color veo yo las cosas?”.

Creo en una universidad de miradas múltiples y a la vez de visiones compartidas y el color con que yo la veo es el verde esperanza de una universidad cada vez más innovadora, que ha cambiado mucho aunque es consciente de lo mucho que todavía tiene que cambiar; de la universidad de esta hora de la convergencia europea y del tránsito de la universidad cerrada a la abierta, de la cantidad a la calidad y de la homogeneidad a una rica diversidad. Es el color de la universidad emprendedora de nuestros días en que para ser competitivos tenemos que ser, ante todo, competentes; en que perseguimos la eficiencia pero sin olvidarnos de la equidad; en que buscamos mejorar resultados sin dejar de ser instituciones de principios; y en que podemos llamarnos “glocales” por mirar hacia lo global y lo local al mismo tiempo.

Por eso creo esperanzadamente en el futuro de la universidad, de ésta universidad de cuatrocientos años que no es anticuada sino añeja y con solera, que no es vieja sino histórica, que no es rancia sino clásica y que acumula tiempo vivido de tal modo que se abre a la posteridad como estímulo para salir al encuentro de lo que está por venir.

En esto es en lo que creo. Con estas convicciones llegué. Con ellas he procurado trabajar estos años con toda mi energía y capacidades. Y con estas mismas convicciones, aun más firmes, aun más fuertes, son con las que ahora me despido.

 

Dos. Para decir adiós.

Con emoción –esa palabra que entrecorta las palabras- asumía hace ocho años el Rectorado de esta Universidad. La confianza de la comunidad universitaria que recibí entonces, la ponía al servicio de tres propósitos. La regeneración de estilos, valores y funciones universitarias, era el primero. La normalización institucional y presupuestaria, la proyección externa y la conexión social, el segundo. Y la puesta al día de nuestra Universidad con proyectos académicos innovadores, el tercero.

Con emoción y con orgullo dejo hoy el Rectorado, en el que he tenido el privilegio de trabajar intensamente para desarrollar esos propósitos. En todos ellos habrán quedado cosas por hacer y en todos ellos creo haber cumplido para devolver a la Universidad de Oviedo a una contemporaneidad en cierto modo perdida, para impulsar un proceso modernizador que nos permite contemplar una universidad sensiblemente diferente, sensiblemente mejor, que la de ocho años atrás.

Quizá haya que llegar a puerto para comprender que lo fundamental ha estado en el propio viaje. En ese viaje a lo largo de estos años he sentido el orgullo de representar a una institución que es ya parte fundamental de mi vida; la responsabilidad de tratar de hacerlo con el acierto, la eficacia y la dignidad debida, recogiendo la herencia de mis predecesores Teo López Cuesta, Alberto Marcos Vallaure, Juan López Arranz, Santiago Gascón y Julio Rodríguez; y el peso de estar a la altura de unos tiempos en los que el azar me ha convertido en el primer Rector del siglo XXI y el del inicio del curso del Cuarto Centenario.

Y he sentido como un privilegio añadido ver renovada la confianza de la comunidad universitaria para un segundo mandato y contar con el respaldo del sistema universitario español para elevar a la Universidad de Oviedo a la presidencia de la Conferencia de Rectores en una etapa apasionante y decisiva de las políticas universitarias.

Sólo si se ha vivido se puede decir adiós y al decirlo reconozco mi vida especialmente en este lugar, el de la universidad de mi tierra, que ha hecho que mi tierra sea ya ante todo la de la universidad asturiana. Por eso para decir adiós no encuentro mejor sentimiento que el de Fermín Canella que amaba a esta universidad doblemente, por ser universidad y por ser asturiana. Y por eso puedo decir este adiós como recomendaba Josep Vicent Marqués: “Hay que decir adiós cuando un amor se hace incierto o imposible y a veces cuando se hace sólo diferente. Conviene hacerlo antes de que el amor muera y no pueda ya ser el adiós un acto amoroso”.

 

Tres. Para decir gracias.

A ninguno de esos privilegios he podido corresponder más que con honestidad y procurando poner empeño y dedicación en mi trabajo y pido humildemente disculpas por las ocasiones en que no haya sido capaz de conseguirlo. Estamos en el espacio de la razón pero permitidme poner corazón para transmitir un sincero agradecimiento a quienes han compartido conmigo la apasionante tarea de servir a nuestra institución.

Gracias por su generosidad y por su confianza a todos los que han sido parte de este proyecto y en particular a los componentes de los diversos equipos rectorales, a los Vicerrectores y a los Directores de Área; a los miembros de los órganos de gobierno universitarios, del Consejo de Gobierno, Consejo Social, Junta Consultiva, Decanos y Directores; y, en fin a toda la comunidad universitaria, al profesorado, los estudiantes y el personal de administración y servicios que, desde la coincidencia o la discrepancia, me han ofrecido arropamiento o, al menos, comprensión.

Gracias a las instituciones, empresas, sindicatos y al conjunto de la sociedad asturiana por ofrecernos cercanía y  hacernos sentir su proximidad y al Gobierno regional, al Presidente, a los diversos equipos de la Consejería de Educación, por mantener una interlocución imprescindible en la que pese a algunos ruidos no he dejado de valorar el silencio de muchos acuerdos, los esfuerzos para comprender y atender nuestras necesidades y los logros alcanzados para mejorar la situación de la Universidad.

Gracias a todo el personal del Rectorado, a mis colaboradores más directos, María José y las dos Belenes, Luís, María Jesús Queipo, que ya han podido comprobar que tienen en mí mejor amigo que jefe. Y más que gratitud debo un homenaje a mi familia: a un padre desaparecido, a una madre que se ha hecho demasiado mayor, a un hijo que ha pasado de Juanín a Juan en estos ocho años y a una mujer, María José, que ha estado siempre ahí, siempre igual, siempre con una discreción que ha hecho que casi no se notase y que, sin embargo, fuese imprescindible.

Termino volviendo al principio. Hoy es ya el día del nuevo rector y se abre una nueva etapa para la Universidad de Oviedo que coincide con un nuevo ciclo en el sistema universitario español: el de la universidad europea, el de la universidad del conocimiento y de la transferencia, el de la universidad emprendedora. Siempre he creído con Neruda que no “es hacia abajo y hacia atrás la vida” y para mirar adelante y arriba ofrezco mi mejor colaboración y pido la de todos con el nuevo Rector, a quien deseo el acierto y el éxito que la universidad necesita. La comunidad universitaria ha otorgado a Vicente Gotor un amplio respaldo que estoy seguro que sabrá administrar con generosidad y eficacia en una difícil misión para la que no sobra nadie y harán falta todos, en la que habrá que trabajar en bloque y no con bloques y en que hemos de crecer juntos en vez de rivalizar separados.

Hoy, ocho años después, estoy más convencido que nunca de que merece la pena vivir la universidad y sentirse plenamente universitario y en eso estaré siempre a la disposición de todos, con todo mi reconocimiento y mi gratitud por la confianza y la ayuda que he recibido y con una deuda de gratitud que, para mí, será ya imperecedera.

Decía Clark Kerr que “el Presidente de la universidad en Estados Unidos se espera que sea un amigo de los estudiantes, un colega de los profesores, un administrador serio para el Consejo Social, un buen orador para el público, un regateador astuto con la administración, un político con el gobierno local, un amigo de la industria, un diplomático persuasivo con los donantes(…) un representante para hablar con la prensa, un intelectual o científico por sí mismo, un entusiasta del fútbol y de la ópera al mismo tiempo, un ser humano decente. Sobre todo debe divertirle viajar en avión, comer en público y asistir a ceremonias sociales”. Ya sé que yo no he podido ser todas esas cosas a la vez, pero confío en haber sido al menos alguna de ellas.

Paraninfo de la Universidad de Oviedo, 8 de mayo de 2008