Cambio de ciclo

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Las cosas están cambiando siempre, pero ahora se acumulan las que vamos a tener que cambiar. Estamos en un momento de cambio de ciclo. En un momento en que en buena medida nos veremos obligados a refundar el país y habrá que hacer algo así como una nueva transición, porque pocos de los anteriores equilibrios logrados en nuestra convivencia parecen ahora servir.
Esto ocurre en la economía, la política y la sociedad dónde, como en los momentos especiales de nuestra historia, se solapan y superponen demasiadas crisis.
Los equilibrios que han pervivido durante décadas, se han agotado. Hasta las muertes todavía recientes de Fraga y de Carrillo o la presencia ausente de Adolfo Suárez, parecen simbolizar el final de los equilibrios alcanzados durante la transición.
Estamos ante un cambio de ciclo, ante un mundo que ha cambiado mucho y parece andar buscando su sitio; un mundo que es profundamente diferente, que requiere una refundación de las bases para la convivencia, la cohesión, el crecimiento y el bienestar de las próximas décadas.
Una tarea ingente, para la que harán falta nuevas figuras de talla como las de entonces y que ahora no acaban de surgir. Harán falta nuevas ideas que no logran cristalizar, nuevas visiones que no terminan de cuajar. Y harán falta determinaciones que no se acaban de tomar y que son hoy más necesarias que nunca para que este país, esta sociedad y esta economía no hagan ningún camino de retorno al pasado sino de regreso el futuro, como en otra ocasión clave de nuestra historia se supo hacer.
Pero sobre todo, hará falta recobrar la confianza en nuestra capacidad para cambiar las cosas y contar con un aliento de esperanza para saber que los sacrificios que estamos haciendo tendrán una recompensa y un final.
Aunque los tiempos no lleven precisamente al optimismo, hago mías las palabras de Eduardo Galeano: “dejemos el pesimismo para tiempos mejores”.