PARADOJAS DE LA AUSTERIDAD

una decada perdida

En medio de la sucesión de malas noticias económicas, hay un aspecto positivo de la economía española que conviene resaltar: es el favorable comportamiento de la exportación.

Ante la pavorosa caída de la demanda interna que han provocado las políticas de austeridad, la demanda externa ha actuado como colchón que ha impedido una caída de mayor entidad. Ya sé que es como volar con un único motor, pero ese motor es el que nos está permitiendo mantener el vuelo.

Las exportaciones españolas se están comportando no solo muy favorablemente durante la crisis, sino incluso mejor que en la mayoría de los países de la UE y eso, junto al freno de las importaciones, nos ha permitido recuperar un equilibrio indispensable, el de la balanza exterior.

Pero ese favorable comportamiento de las exportaciones pone de manifiesto otro hecho muy relevante y que ha de darnos alguna confianza en medio de tanto desánimo. El hecho de que somos más competitivos de lo que a veces creemos y decimos. El hecho de que el problema español no es de competitividad, al menos en un buen grupo de sectores y actividades. El hecho de que hay oportunidades para el crecimiento, como ha ocurrido con las exportaciones de medicamentos españoles, que han progresado de modo muy significativo en los últimos años.

Pero vivimos una curiosa paradoja. Las exportaciones han sido el bálsamo de los efectos demoledores de las políticas de austeridad. Pero a la vez esas políticas de austeridad pueden afectar seriamente a nuestras exportaciones. Políticas de estímulo como las que ha emprendido el Banco de Japón, como las que practican los Bancos Centrales de Inglaterra o de Estados Unidos, con millonarias inyecciones monetarias, tendrán el efecto de devaluar sus monedas y facilitar las exportaciones de estos países, mientras la austeridad monetaria del Banco Central Europeo tiene el efecto contrario, el de revaluar el euro y dificultar las exportaciones de un área en recesión.

Otra, y muy llamativa, paradoja de la austeridad.