Los días que pasan

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La inversión retrocede 25 años. Éste es uno de los titulares más significativos que nos deja el proyecto de presupuestos generales del Estado para 2014.

Lo que la economía nos ha dicho siempre es que no hay crecimiento sin inversión en capital, en stock de capital público y en capital empresarial. Hasta aquí, nada que no sea de manual; es decir, nada que precisamente por sabido podamos olvidar.

Más que un vuelo, es un difícil equilibrio de planeo lo que afronta la economía si no se encienden, al menos uno, de los motores del consumo o de la inversión. Porque lo que no se puede es parar todo; y mucho menos parar todos a la vez.

Por eso, lo que precisamos es justamente lo contrario. Ya sé que no podremos llegar a las cotas del pasado pero lo que necesitamos no es menos sino más inversión.

No sólo más, sino mejor y distinta inversión. Importa el volumen, pero ahora importa más la composición y ello obliga a revisar unas orientaciones del pasado que nos han dejado la curiosa paradoja de lo que sobra y de lo que falta, de indudables carencias y de simultáneos, notorios y bien conocidos excesos de capacidad.

Hacen falta, además, inversiones con mejores rendimientos y resultados, porque cuando la provisión de capital es eficiente ofrece oportunidades de crecimiento, pero cuando es inadecuada incurre en importantes costes de oportunidad.

Y resulta imprescindible una distribución equilibrada del stock de capital y de la inversión, porque en ello se juega no solo la capacidad sino la igualdad de oportunidades para el crecimiento territorial.

En esto es en lo que una vez más Asturias no parece salir bien parada. Que la inversión retroceda en 25 años es una llamada al retroceso general de nuestro país y de nuestra región. No sé cómo alguien se atreve a decir después que éstos son unos presupuestos para la recuperación.