MEMES

 

154Ya no me sorprende, pero cada año constato que un número mayor de mis estudiantes no solo se comunica sino que se informa en las redes y a través de internet. Si los jóvenes no leen periódicos, pobres diarios y, sobre todo, pobres ediciones en papel.
Quizá porque no lo manejo bien ni lo entiendo del todo, me fascina lo que se relaciona con la comunicación en internet. Me maravilla y no deja de aterrarme a la vez. Es indudable que las redes ofrecen insospechadas posibilidades y que han democratizado la información. Pero también que existe un riesgo cierto de manipulación; que al tiempo que dan acceso a una ingente información, establecen una brecha insalvable entre los grupos sociales que la generan y los que la consumen; que igual que amplían la información, la simplifican a la vez.

Vivimos en la época de las “ideas contagiosas”, de los mensajes comprimidos, del manejo de las emociones, del dominio del continente sobre el contenido, de la apariencia sobre la sustancia, del lema sobre el pensamiento, de la información universal y de la universal manipulación de la información.

Curiosas paradojas de esta era en que el espacio se mide por el tiempo, en que las ficciones se hacen accesibles con un “click”, en que las redes acercan y alejan, facilitan e impiden la comunicación. ¿Han visto mayor incomunicación que la de dos personas juntas enviando mensajes de móvil a la vez?

Un libro de éxito sobre estos temas que ha caído recientemente en mis manos, “Memecracia”, se abre con una cita de Dickens en “Historia de dos ciudades”, que describe como nadie lo que me parece que está sucediendo siglo y medio después.

“Era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la tontería; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la luz y la de las tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación; todo se ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada”.