Universidades: tambores de cambio

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En la universidad suenan tambores de cambio. De un cambio que va mucho más allá de lo que se propone la anunciada mini-reforma del ministro Wert, que poco tiene que ver con los verdaderos retos que afrontan las universidades, sometidas a profundas transformaciones en los métodos, los soportes, los contenidos de las enseñanzas, las cualificaciones, el perfil de los alumnos, la organización y las estructuras, los modos de relación y hasta los paradigmas. Algo que va mucho más allá de una reforma normativa del limitado alcance de la que se anuncia.

La transformación es consustancial a las universidades, pero ahora se apuntan tendencias que podrían modificar sensiblemente el mundo universitario tal como las conocemos y entre las que destacan algunas de tanto alcance como las siguientes.

 

1.-La renovación de la demanda de enseñanzas, cualificaciones y modelos educativos.

Los modelos educativos que han venido funcionando hasta ahora están puestos en cuestión y se abren paso nuevos modos de organizar y ofrecer las enseñanzas, que han de adaptarse a una renovada y cambiante demanda de cualificaciones y a un reforzamiento de los lenguajes universitarios relacionados con la empleabilidad y el desarrollo económico.

Las formas en que los estudiantes participarán de la educación también experimentará transformaciones muy significativas, con cambios en la presencialidad y dedicación residencial y a tiempo completo, en la propia duración de los estudios y con estudiantes que tomarán cursos de diversas instituciones, con diversas modalidades y estrategias.

Por lo demás, se diluirá la importancia de los títulos formales y con reconocimiento que ahora otorgan las universidades, con la emergencia de patrones de titulaciones alternativos y paralelos a los actuales, que tendrán más relevancia para más estudiantes en más partes del mundo. Los títulos universitarios pueden perder, por ello, importancia frente a programas y credenciales que tendrán para los empleadores un valor similar al de las certificaciones universitarias.

 

 

2.-El aumento de la educación transnacional y la oferta educativa

Esos cambios en la demanda irán acompañados por cambios en la oferta, en los que se aprecian tendencias significativas. Por un lado, una creciente diferenciación entre universidades y en especial un aumento de la brecha entre las universidades de élite y el resto.

Por otro lado, una recomposición de la oferta a favor de nuevas áreas universitarias emergentes, en particular asiáticas, y de nuevas instituciones y agentes proveedores de educación, que romperán definitivamente el monopolio universitario de la enseñanza superior y pueden llegar incluso a amenazar su hegemonía.

Además, se asistirá a una expansión de la educación transnacional, canalizada a través de diversas vías, como las  ramas de campus internacionales (concebidas como “hubs” o bases educativas), nuevos mercados y enseñanzas a distancia, y cambios en las vías tradicionales de movilidad, con la exportación de enseñanzas junto a los intercambios de estudiantes.

 

3.-El desarrollo de nuevas dinámicas  de competencia y cooperación universitaria.

La dinámica del escenario universitario global es la de una mayor presión de la competencia, guiada por un mercado principal basado en la reputación y el prestigio universitario, asentada en una mayor diferenciación de las universidades y soportada por instrumentos como los “ranking”, convertidos en elementos de institucionalización de esa competición y árbitros de la excelencia.

Esa competencia se plasmará en todos los terrenos: en la captación en número y calidad de estudiantes, en la intensificación de la carrera por la excelencia y la captación del talento, en la investigación y en el prestigio de la institución.

Pocas instituciones pueden afrontar por si solas los nuevos desafíos que se encaran en esa competición y es eso precisamente lo que lleva a la necesidad de una mayor cooperacion entre universidades y a nuevas estrategias que apuntan a la formación, impulso y desarrollo de más alianzas estratégicas y de redes de colaboración para compartir capacidades complementarias y ofrecer programas conjuntos e integrados con la industria y los negocios.

 

4.-La irrupción del componente educativo on line.

Las nuevas tecnologías están revolucionando el orden que conocemos en el mundo educativo.  Los recursos docentes están en abierto en la red, la gente desea estudiar “a la carta”, donde, cuando y como quiere. Las experiencias de aprendizaje ya están tanto dentro como fuera de las aulas.

 

El desarrollo de las enseñanzas on line y, en particular fenómenos como el de los MOOCs, suponen un hecho casi “disruptivo” de amplio alcance y consecuencias. Las certificaciones (pagadas) de cursos on line (gratuitos) pueden inundarnos de titulados por las universidades de mayor prestigio y plantean la cuestión de cómo afectará a la organización de los actuales títulos académicos de las universidades.

 

Todo ello tiene efectos, cuyo alcance completo no percibimos plenamente todavía, pero que nos lleva a revisar nuestros roles como educadores, desarrollar modelos híbridos y colaborativos, pasar de los libros a las app y las tabletas y comporta cambios radicales para la docencia, la investigación, la organización y los recursos, exigiendo profundos esfuerzos de adaptación y transformación a la universidad tradicional

 

5.-La aparición de nuevas esquemas de financiación y organización,

Tendencias como las que se acaban de señalar, comportan transformaciones de alcance en la configuración de las estructuras universitarias, facilitando el desarrollo de modelos de bajo coste y la adopción de nuevos modelos organizativos y de negocio.

Se abren paso, además, nuevos esquemas organizativos en que los objetivos de eficiencia se imponen; en que priman las técnicas de carácter más gerencial y las estructuras más descentralizadas, flexibles, ágiles y adelgazadas; y en que se abre paso la necesidad de revisar la actual configuración de los sistemas de gobierno universitarios.

Asimismo se aprecian tendencias hacia una mayor participación de la financiación privada o de la soportada por los propios usuarios que, al tiempo que amenaza el carácter de la educación superior como bien público, obliga a las universidades a diversificar sus fuentes de financiación y obtener mayores rendimientos y recursos de su funcionamiento, actividades y servicios.

Este conjunto de radicales transformaciones comporta indudables riesgos para las instituciones que no consigan adaptarse a los cambios, pero ofrece igualmente un enorme potencial para las que sean capaces de desarrollar las estrategias adecuadas de adaptación a esas nuevas tendencias. Y ese es el gran desafío para la universidad española. Algo que va mucho más allá, desde luego, de la anunciada mini-reforma del ministro Wert.