¿Limitar los salarios?

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Hay cosas que se pueden proponer porque se tiene la seguridad de que nunca se van a cumplir. Es el caso de la propuesta electoral, lanzada esta semana, de limitar el salario máximo a diez veces el salario mínimo. Se trata de una propuesta que “suena bien” y que seguramente tendrá muchos adeptos, pero que me parece un claro ejemplo de una de esas iniciativas bien intencionadas que acabarían por tener efectos justamente contrarios a los deseados, por varias razones.

En primer lugar, porque creo que de lo que se trata no es de igualar hacia abajo sino hacia arriba, que el problema no es que haya ricos sino que haya pobres y que, siendo muy importante la desigualdad, lo urgente y perentorio es resolver las situaciones de pobreza. No sé si se supone que al limitar los salarios altos se conseguiría elevar los bajos pero eso, además de muy dudoso, ya sería otra propuesta.

En segundo lugar, porque resultaría de muy difícil aplicación práctica, que recaería principalmente sobre las clases medias y contaría con muchas “vías de escape” para las rentas verdaderamente altas, y porque de no producirse una aplicación universal de la medida (algo harto improbable) conduciría a una automática e inmediata fuga de profesionales hacia otros lugares y a una dramática descapitalización de nuestras empresas, entidades e instituciones.

En tercer lugar, porque eliminaría un fundamental incentivo para la actividad económica. Para no extenderme en la argumentación y decirlo con un sencillo ejemplo: si se limitasen sus rentas, ¿tendría algún incentivo Amancio Ortega para seguir abriendo tiendas de Zara y creando empleo o preferiría cerrar unas cuantas y reducir la plantilla?

Y en cuarto lugar, porque parece contradictorio pretender este objetivo y simultáneamente el de obtener una mayor recaudación pública para financiar las prestaciones del sistema de bienestar mediante un impuesto de la renta progresivo que….. no tendría rentas altas que gravar y que, por lo tanto, perdería una parte importante de su capacidad recaudatoria.

En fin,  el tiempo electoral lleva a proponer a veces cosas que no son lo que parecen y hace que, en ocasiones como ésta, para proteger los intereses públicos haya que empezar por defenderlos de quienes aparentemente los defienden.