Discurso Colegiado Honor

 

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Muchísimas gracias a la Junta de Gobierno del Colegio de Economistas de Asturias, al Decano Miguel de la Fuente, a Ricardo San Marcos, a Ana Saráchaga que está en todo, por este reconocimiento que valoro tanto porque lo otorga el Colegio, porque proviene de mis colegas y por las personalidades tan destacadas que me han precedido y que me ponen en el serio trance de suceder nada menos que a un maestro de la economía como Juan Velarde, o de la empresa como Isidoro Álvarez, por citar sólo a quiénes han obtenido el galardón en los dos últimos años. Gracias, además, a quiénes tenéis la amabilidad de estar aquí hoy presentes en esta gran fiesta de los economistas asturianos. Es un verdadero privilegio sentirse rodeado por tantos colegas y amigos: gracias muy sinceras a todos.

Para corresponder a esta distinción, lo que no puedo es hacerme pesado  y por eso lo que quiero es contaros dos breves historias. La primera tiene que ver con la casualidad y se refiere más al pasado. Y la segunda se relaciona con mi visión de nuestra profesión de economistas.

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¿Recuperación, para quién?

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En la economía abundan las contraposiciones. Como se ha acaba de ver, es de las pocas disciplinas capaces de otorgar el Nobel a la vez a dos teorías contradictorias. No es de extrañar, por tanto, que vivamos un momento con visiones tan contrapuestas.

Por un lado, han comenzado a proliferar los mensajes optimistas. La bolsa sube, España atrae inversiones y “llega dinero para todo”. Tras la sequía, las empresas lanzan de nuevo emisiones. Se domestica la temible prima de riesgo y el rescate bancario parece que llega a su fin. Las rebajas de costes alientan una recuperación de la competitividad que se expresa en el dinamismo del sector exterior. Hasta Bill Gates toma una participación en FCC.

¿Quiere decir esto que se está recuperando la confianza en nuestra  economía? ¿O simplemente que es temporada de saldos y que España está barata y es época de gangas? ¿Quiere esto decir que se está consolidando una tendencia a la recuperación? ¿O que más que en el inicio de la recuperación, estamos al final del estado de excepción?

Por otro lado, y en contraposición, lo que vemos es que el paro no mejora; que un pobre crecimiento del 0,2 por ciento, convierte en promesa de recuperación lo que no pasa de ser un índice de estancamiento para el año que viene y unas previsiones de crecimiento lento para los años después; que el consumo, la inversión, la demanda interna y el crédito no repuntan;  que la gente sigue arrastrando grandes dificultades; que siguen cerrando empresas, como ocurre con Tenneco o con Fagor; y que todo ello nos dejará en la economía española el balance de una década perdida en términos de PIB y de unos cuantos años más en términos de empleo.

Animados por los indicadores favorables, es como si se hubiesen desatado los ministros económicos. A Guindos parece como si le estuviese cambiando la personalidad y transmutando en campechanía su acrisolado aspecto de pijo de escuela de negocios. A Montoro, en cambio, el trance le ha ahondado una caricatura que ya parece haberse apropiado de sí mismo y que le lleva a histrionismos como el de los salarios, que no solo le refuta el INE sino la calle y en el que nada menos que el presidente de La Caixa ha venido a enmendarle la plana, al afirmar que el nivel salarial ha retrocedido al de finales del pasado siglo.

Ese optimismo desatado no parece sin embargo el que se respira en la calle. ¿Llueven millones y se sigue con recortes en las políticas públicas y amagando con la necesidad de nuevos ajustes? Esto es algo que la gente no puede entender y que no resultará nada fácil de explicar. ¿Será que perciben solo esa recuperación los sectores en que menos ha hecho mella la crisis?

Además de otros efectos bien conocidos, la crisis ha ahondado las desigualdades ya existentes en nuestra economía. El número de millonarios ha aumentado en España mientras la renta por persona y los salarios ha caído y han crecido las situaciones de pobreza y exclusión y la desigualdad social.

Si la crisis ha afectado fundamentalmente a los más débiles, a los estratos sociales de renta más baja, a los desempleados, vamos a ver si la recuperación no la perciben solo los ricos, porque sería una paradoja cruel que afectaría gravemente a nuestra cohesión social y que no se podría mantener. Es tiempo, por eso, para las políticas públicas de redistribución, que tienen en sus manos evitarlo.

 

 

Los días que pasan

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La inversión retrocede 25 años. Éste es uno de los titulares más significativos que nos deja el proyecto de presupuestos generales del Estado para 2014.

Lo que la economía nos ha dicho siempre es que no hay crecimiento sin inversión en capital, en stock de capital público y en capital empresarial. Hasta aquí, nada que no sea de manual; es decir, nada que precisamente por sabido podamos olvidar.

Más que un vuelo, es un difícil equilibrio de planeo lo que afronta la economía si no se encienden, al menos uno, de los motores del consumo o de la inversión. Porque lo que no se puede es parar todo; y mucho menos parar todos a la vez.

Por eso, lo que precisamos es justamente lo contrario. Ya sé que no podremos llegar a las cotas del pasado pero lo que necesitamos no es menos sino más inversión.

No sólo más, sino mejor y distinta inversión. Importa el volumen, pero ahora importa más la composición y ello obliga a revisar unas orientaciones del pasado que nos han dejado la curiosa paradoja de lo que sobra y de lo que falta, de indudables carencias y de simultáneos, notorios y bien conocidos excesos de capacidad.

Hacen falta, además, inversiones con mejores rendimientos y resultados, porque cuando la provisión de capital es eficiente ofrece oportunidades de crecimiento, pero cuando es inadecuada incurre en importantes costes de oportunidad.

Y resulta imprescindible una distribución equilibrada del stock de capital y de la inversión, porque en ello se juega no solo la capacidad sino la igualdad de oportunidades para el crecimiento territorial.

En esto es en lo que una vez más Asturias no parece salir bien parada. Que la inversión retroceda en 25 años es una llamada al retroceso general de nuestro país y de nuestra región. No sé cómo alguien se atreve a decir después que éstos son unos presupuestos para la recuperación.

 

Consejo Asesor de Asuntos Económicos de la Presidencia del Principado de Asturias. Documentos

 

 

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PYMES

INNOVACIÓN

PARADOJAS DE LA AUSTERIDAD

una decada perdida

En medio de la sucesión de malas noticias económicas, hay un aspecto positivo de la economía española que conviene resaltar: es el favorable comportamiento de la exportación.

Ante la pavorosa caída de la demanda interna que han provocado las políticas de austeridad, la demanda externa ha actuado como colchón que ha impedido una caída de mayor entidad. Ya sé que es como volar con un único motor, pero ese motor es el que nos está permitiendo mantener el vuelo.

Las exportaciones españolas se están comportando no solo muy favorablemente durante la crisis, sino incluso mejor que en la mayoría de los países de la UE y eso, junto al freno de las importaciones, nos ha permitido recuperar un equilibrio indispensable, el de la balanza exterior.

Pero ese favorable comportamiento de las exportaciones pone de manifiesto otro hecho muy relevante y que ha de darnos alguna confianza en medio de tanto desánimo. El hecho de que somos más competitivos de lo que a veces creemos y decimos. El hecho de que el problema español no es de competitividad, al menos en un buen grupo de sectores y actividades. El hecho de que hay oportunidades para el crecimiento, como ha ocurrido con las exportaciones de medicamentos españoles, que han progresado de modo muy significativo en los últimos años.

Pero vivimos una curiosa paradoja. Las exportaciones han sido el bálsamo de los efectos demoledores de las políticas de austeridad. Pero a la vez esas políticas de austeridad pueden afectar seriamente a nuestras exportaciones. Políticas de estímulo como las que ha emprendido el Banco de Japón, como las que practican los Bancos Centrales de Inglaterra o de Estados Unidos, con millonarias inyecciones monetarias, tendrán el efecto de devaluar sus monedas y facilitar las exportaciones de estos países, mientras la austeridad monetaria del Banco Central Europeo tiene el efecto contrario, el de revaluar el euro y dificultar las exportaciones de un área en recesión.

Otra, y muy llamativa, paradoja de la austeridad.

ENTREVISTA

jotaUAN VAZQUEZ

Presidente del consejo asesor del Principado

http://www.lne.es/asturias/2013/04/14/juan-vazquez–lo-emergente-siempre-tiene-mas-dificultades-para-salir-a-flote-en-asturias/1397056.html

 

Juan Vázquez -Boo (Aller), 1953- preside el consejo asesor de asuntos económicos del presidente del Principado, órgano que la pasada semana presentó su primer trabajo: el boceto de una agenda para una nueva estrategia de crecimiento cuyas reflexiones y propuestas dejan ver que no pocas de las tareas que la región se planteaba hace ya décadas siguen pendientes. En esta entrevista, Vázquez, catedrático de Economía Aplicada, ahonda en los pormenores del documento, procura no ajustar cuentas con el pasado y llama a poner las miras en la Asturias de la próxima década.

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Informe Consejo Asesor

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CONSEJO ASESOR DE ASUNTOS ECONÓMICOS DE LA PRESIDENCIA DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS

IDEAS PARA UNA AGENDA DE “COMPETITIVIDAD, CRECIMIENTO Y EMPLEO” EN ASTURIAS

Abril 2013                                                                    

 

Presentación

 El Consejo Asesor de Asuntos Económicos de la Presidencia del Principado de Asturias en su sesión constitutiva de diciembre de 2012 se propuso como primera tarea realizar una contribución inicial sobre las estrategias de “Competitividad, Crecimiento y Empleo” en la economía asturiana. El bienestar económico y social y el empleo son los objetivos fundamentales que, particularmente en esta situación de profunda crisis, ha de perseguir la economía de nuestra Comunidad Autónoma y la competitividad y el crecimiento los medios para alcanzarlo.

Los resultados de la primera reflexión conjunta de los miembros del Consejo Asesor son los que se recogen en este documento, que más allá de su cometido de asesoramiento a la Presidencia del Principado, confiamos en que contribuya a animar a agentes e instituciones de la sociedad asturiana para diseñar y desarrollar una Agenda de crecimiento, competitividad y empleo en Asturias. Las ideas, criterios y propuestas recogidas en este documento se ofrecen como la modesta aportación de algunas piezas que pudiesen contribuir a la puesta en marcha de esa Agenda. En los temas no se ha perseguido la exhaustividad en el tratamiento de todo el amplio conjunto de ámbitos que abarca la economía asturiana. Los desarrollos no pretenden de ningún modo ser cerrados sino abiertos a posteriores fases de profundización y a la reflexión y contribuciones de los agentes e instituciones de la vida regional.

El documento, que es el fruto del trabajo colectivo del Consejo Asesor, no refleja todas las posiciones individuales de cada uno de sus miembros, pero sí pretende expresar el sentir generalizado y con un alto grado de consenso de los miembros del Consejo Asesor.

En su estructura el documento se organiza en dos partes. La primera se dedica a un diagnóstico breve de la economía asturiana en el que, para no reiterar los múltiples estudios que existen sobre la economía regional, se enfatizan los aspectos que se consideran centrales para definir la situación y retos actuales. En la segunda parte, y sin ningún afán de exhaustividad, se exponen un conjunto de ideas acerca de seis ámbitos estratégicos para orientar las actuaciones en la economía regional y se avanzan, a titulo ilustrativo, algunas propuestas de actuación sobre las que se seguirá trabajando.

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¿Una década perdida?

una decada perdida

 

Para el euro lo peor parece haber pasado, al menos por el momento, desde que el 6 de septiembre el Banco Central Europeo anunció su disposición a intervenir, en determinadas condiciones, en los mercados de deuda. Desde ese momento se han aliviado unas tensiones y despejado un panorama sobre el que aun planean las incertidumbres que ha dejado la última cumbre europea con el retraso y la indefinición en el proceso de unión bancaria.
Para la economía española, en cambio, lo peor no parece haber pasado todavía. Los pronósticos son unánimes: 2013 será un año malo sin paliativos, para el que se aventura una tasa negativa del 1,4% que nos sitúa a la cola del crecimiento y nos deja en el puesto 104 de 105 países, tan solo por delante de Grecia.

Previsiones como las del FMI confirman, además, que la crisis en esta fase es una cuestión fundamentalmente europea y de los países del sur de Europa más específicamente. A pesar de una cierta ralentización, el crecimiento esperado en el conjunto de la economía mundial es del 3,5%, en China se acerca al 8%, en los países emergentes está próximo al 6%, en América Latina será del orden del 4% y aun en la debilitada economía de los Estados Unidos el crecimiento podría llegar al 2% si se sortea el riesgo del denominado “precipio fiscal”. Frente a eso, la tasa esperada para el conjunto de Europa es sólo del 0,3%, con una sensible caída en Alemania hasta el 0,9%, y una estimación para Francia del 0,4%, que sitúa a las economías europeas en las posiciones postreras del ranking del crecimiento, con 20 países del viejo continente entre los 25 últimos, y acaparando la totalidad de las previsiones negativas que, junto con España, afectan a Italia, Chipre, Eslovenia, Portugal y Grecia.

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Los caminos de Bolonia

 

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No, no tenían razón los críticos de Bolonia. Pero alguna razón tenían. No les faltaba razón a los defensores de Bolonia. Pero tampoco toda la razón estaba de su parte. Pasado el tiempo del fragor de los debates y ahora que ya hemos iniciado el recorrido, conviene reflexionar acerca de si hemos tomado el camino recto que nos prometía el fervor de los “apóstoles” o si nos hemos desviado en los recodos que anunciaban los “profetas” del miedo a Bolonia. Porque aunque “siempre se llega al destino si se camina lo suficiente”, al decir de Alicia en el País de las Maravillas, aún es tiempo para rectificar el trayecto o para aligerar el paso. Bolonia no es sólo una gran oportunidad, como se ha dicho, sino que a mi modo de ver es la única oportunidad para la universidad española. Hay un solo destino, ¿pero todos los caminos conducen a Bolonia?

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Cambio de ciclo

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Las cosas están cambiando siempre, pero ahora se acumulan las que vamos a tener que cambiar. Estamos en un momento de cambio de ciclo. En un momento en que en buena medida nos veremos obligados a refundar el país y habrá que hacer algo así como una nueva transición, porque pocos de los anteriores equilibrios logrados en nuestra convivencia parecen ahora servir.
Esto ocurre en la economía, la política y la sociedad dónde, como en los momentos especiales de nuestra historia, se solapan y superponen demasiadas crisis.
Los equilibrios que han pervivido durante décadas, se han agotado. Hasta las muertes todavía recientes de Fraga y de Carrillo o la presencia ausente de Adolfo Suárez, parecen simbolizar el final de los equilibrios alcanzados durante la transición.
Estamos ante un cambio de ciclo, ante un mundo que ha cambiado mucho y parece andar buscando su sitio; un mundo que es profundamente diferente, que requiere una refundación de las bases para la convivencia, la cohesión, el crecimiento y el bienestar de las próximas décadas.
Una tarea ingente, para la que harán falta nuevas figuras de talla como las de entonces y que ahora no acaban de surgir. Harán falta nuevas ideas que no logran cristalizar, nuevas visiones que no terminan de cuajar. Y harán falta determinaciones que no se acaban de tomar y que son hoy más necesarias que nunca para que este país, esta sociedad y esta economía no hagan ningún camino de retorno al pasado sino de regreso el futuro, como en otra ocasión clave de nuestra historia se supo hacer.
Pero sobre todo, hará falta recobrar la confianza en nuestra capacidad para cambiar las cosas y contar con un aliento de esperanza para saber que los sacrificios que estamos haciendo tendrán una recompensa y un final.
Aunque los tiempos no lleven precisamente al optimismo, hago mías las palabras de Eduardo Galeano: “dejemos el pesimismo para tiempos mejores”.