Asturias ha padecido tradicionalmente diversos problemas relacionados con las infraestructuras, la falta de articulación, los desequilibrios y el desaprovechamiento del territorio. La oportunidad que ahora se abre es la de corregir esas deficiencias y desarrollar lo que se denominan “políticas de lugar” y nuevas visiones que traten de valorizar el territorio y de concebir el espacio como elemento de dinamismo económico y social y ámbito de impulso de las inversiones, así como procurar la reducción de costes y la mejora de la prestación de servicios sociales y colectivos de muy diverso tipo.

A ello deben contribuir, en primer lugar, unas adecuadas comunicaciones, que superen las actuales carencias en materia de conexiones internas y externas, y de infraestructuras, culminando cuanto antes proyectos pendientes como la llegada del AVE y la Variante de Pajares (abandonando recurrentes polémicas, imponiendo el criterio técnico y garantizando el tránsito tanto de viajeros como de mercancías), para centrarse en las nuevas infraestructuras del siglo XXI.

En materia de infraestructuras, ha de imponerse su visión en términos de movilidad, planteamientos innovadores y perspectivas de futuro, con el objetivo de garantizar tanto la accesibilidad de las alas de la región como la ordenación de la movilidad urbana en el área central. Para ello, adquieren singular importancia la reducción de peajes de salida de la región, las rondas urbanas, la culminación de las comunicaciones del Occidente asturiano, la dotación de mayores recursos para mantenimiento y conservación, los proyectos de soterramientos de vías y de emplazamiento de estaciones urbanas y del metrotrén, así como el nuevo papel que ha de desempeñar el ferrocarril de cercanías (Feve), mejorando servicios, enlaces, frecuencias, rapidez, seguridad y material rodante.

En segundo lugar, hay que completar una verdadera articulación del Área metropolitana central de Asturias, mediante convenio entre administraciones, concibiéndolo como verdadera fuente de nuevas oportunidades, creación de actividad y mejora en la prestación de servicios; potenciar el nuevo papel de las ciudades en el crecimiento y el bienestar, como “smart cities” y ciudades creativas y como instrumentos de generación de conocimiento e innovación y pieza decisiva en las nuevas concepciones de los territorios inteligentes; e impulsar instrumentos de cooperación y promover la creación de figuras similares a los Consorcios que ya vienen funcionado, en nuevas áreas como los servicios tecnológicos, los equipamientos y actividades culturales de promoción pública, el turismo o en la prestación de servicios sociales.

Ha de afianzarse, en tercer lugar, nuestra participación en el Corredor Atlántico del Noroeste, como un activo de entendimiento con las Comunidades Autónomas vecinas y como un instrumento de cooperación imprescindible para la articulación de las infraestructuras y comunicaciones externas y la obtención de fondos europeos y como un espacio de integración, de influencia y de oportunidades. Esa infraestructura debe ser el vector de una nueva cooperación entre las regiones del Noroeste español. Asturias no puede mirar solo a Madrid, sino que nuestros vecinos de Galicia y de Castilla-León tienen que ser socios de grandes proyectos para Asturias.

Para el equilibrio, la articulación territorial y la dinamización económica, resulta igualmente fundamental contemplar la específica realidad de las Cuencas Mineras, que no pueden ser solo pasado sino tener futuro y que han de ocupar un lugar central en el nuevo proyecto para Asturias. En ellas aun permanecen visibles las huellas de la reconversión al tiempo que comienzan a percibirse algunos signos de cambio, en particular en la emergencia de iniciativas y empleos vinculados a las nuevas tecnologías, pero se requieren actuaciones orientadas directamente a la generación de nueva actividad, de mayor eficacia que las hasta ahora alcanzadas en la aplicación de los fondos mineros.

Y resulta imprescindible articular y movilizar los recursos del medio rural y promover su consideración como un componente territorial decisivo, y desaprovechado, para el crecimiento, la competitividad y el bienestar de la sociedad asturiana.  Pese a las múltiples transformaciones que ha experimentado, no ha sido posible conseguir fuentes estables y suficientes de empleo ni el mantenimiento de la población en esas zonas y se requiere, por ello, un giro en las políticas desarrolladas, considerando esas zonas como un “espacio para vivir”, en el que el modelo poblacional resulta determinante y las villas han de jugar un papel central, e incorporando las nuevas visiones de las denominadas “políticas de lugar” que contemplen además de a las personas al lugar en el que viven.

Esas políticas han de orientarse en varias direcciones. Hacia las reformas estructurales, tratando prioritariamente de mejorar los factores de competitividad, dimensión, costes, fiscalidad y financiación de las explotaciones agrarias. A la modernización del sistema institucional, los modelos de gestión y los sistemas formativos. Al aprovechamiento de recursos, en particular los forestales mediante una revisión de la situación de los montes de utilidad pública, en equilibrio con los objetivos de sostenibilidad ambiental y la diversificación de actividades. El mundo rural asturiano ha de disponer, adicionalmente, de la garantía de unos niveles adecuados de equipamientos y servicios.

Generar ocupación, retener población y ofrecer servicios, han de ser, pues, objetivos prioritarios para un medio rural que requiere, además, incorporar medidas de discriminación positiva (de tipo fiscal, entre otras varias) al modo de algunas experiencias de regiones europeas. Entre ese tipo de medidas se contarían el aprovechamiento de las oportunidades que ofrecen nuestros recursos agrarios, turísticos y naturales, velando siempre por su debida protección; la garantía de accesibilidad mediante unas infraestructuras que sitúen a todos los territorios a no más de media hora de una autopista y un hospital; la potenciación de la Escuela Rural y de una FP vinculada a la especialización de la zona; la extensión de la conectividad digital; y el impulso de las iniciativas de los autónomos , de los emprendedores y de las Pymes rurales. Todo ello en línea y en el marco de las atractivas propuestas planteadas por Ciudadanos para el conjunto nacional.

No solo en el ámbito rural sino en el conjunto de Asturias, la regresión demográfica, el envejecimiento, la baja natalidad y una pirámide de población invertida, y sus desfavorables previsiones de futuro, constituyen uno de los principales desafíos tanto para el dinamismo económico, el crecimiento regional y la sostenibilidad del sistema de bienestar como para el conjunto de la sociedad asturiana en muy diversas facetas.

Para afrontar ese desafío, difícil de revertir de inmediato y que requiere sostenidas actuaciones de medio y largo plazo, consideramos de enorme interés y relevancia las medidas contenidas en el Plan contra la despoblación presentado recientemente por Ciudadanos para el marco nacional y, en particular, las dirigidas hacia la conciliación de la vida familiar, la prestación de servicios y dotaciones de equipamientos, la generación de ambientes económicos y sociales atractivos y, muy fundamentalmente, los incentivos a las empresas y autónomos que generen empleo estable y a iniciativas de creación de empleo que logren retener, atraer y dinamizar a la población. Medidas que habrían de articularse mediante una colaboración de la acción pública, el sector privado y diferentes organizaciones sociales.

Más allá de su consideración como problema, el envejecimiento es también una fuente de oportunidades, para la generación de nueva actividad en la economía regional, vinculadas a las específicas necesidades de consumos y servicios de una población longeva, que se materializan tanto en el ámbito asistencial como en el sanitario, residencial y del ocio o en programas de envejecimiento activo. Al aprovechamiento de esas oportunidades, podría contribuir la creación de un Centro de envejecimiento activo de carácter multidisciplinar y la elaboración de un plan de apoyo y estímulos al impulso de ese tipo de actividades en la economía regional, contando con los fondos que la Unión Europea destina a este tipo de iniciativas.

Una particular y especial referencia merece, además, el problema de la salida de jóvenes asturianos, tanto del medio rural como urbano, que ha de abordarse mediante un riguroso y eficaz plan de retención y recuperación del talento joven, dotado de suficientes medios y con condiciones atractivas, que implique cooperativamente a administraciones, instituciones, empresas y colectivos representativos de los asturianos en el exterior. La Asturias que queremos impulsar necesita el talento y no podemos permanecer impasibles al derroche que supone que nuestros hijos se tengan que ir sin oportunidades de volver.

La situación del medio ambiente en Asturias combina tanto problemas y riesgos globales como específicos de nuestra particular estructura territorial y productiva, pero cuenta, al mismo tiempo, con las ventajas y oportunidades que ofrece nuestra rica y variada dotación de recursos naturales. Los avances registrados en los últimos años han de ser completados y reforzados en varias direcciones, para reducir la contaminación atmosférica, ampliar la red de depuración de aguas, proteger la costa y los espacios inundables, prevenir los incendios, promover las eficiencia energética de la industria, gestionar eficazmente los residuos y resolver el problema de los vertederos, aumentar el reciclaje y extender la economía circular, preservar y ordenar el uso de los espacios naturales, desarrollar planes de eficiencia energética y de aprovechamiento de la biomasa o para sumarse decididamente a las políticas de lucha contra las emisiones y el cambio climático, la “Acción por el clima” y el desarrollo de una “economía verde”, entre otras indispensables actuaciones.

En particular, en los Parques habrá que completar los Instrumentos de Gestión pendientes, de un modo consensuado con los diversos colectivos implicados y en equilibrio entre los usos ganaderos y recreativos y los objetivos de conservación y con la existencia de medidas compensatorias por las restricciones que se establezcan. Específicamente en el caso de Picos de Europa, se ha de encontrar una solución capaz de resolver los problemas de movilidad y accesibilidad, primando el uso de transporte público no contaminante.

Por otra parte, el saneamiento de aguas residuales constituye un serio problema ambiental en Asturias, por las deficiencias existentes en los sistemas de depuración y requiere una actuación decidida para acometer inversiones en infraestructuras de depuración. Igualmente se ha de desarrollar una política de ampliación del reciclaje de residuos, implicando a la población y a los ayuntamientos, y proceder al aprovechamiento de residuos en la generación de combustible.

En su conjunto, la riqueza y variedad de los recursos naturales y ambientales de Asturias ofrecen indudables ventajas para ponerlos en valor y generar nuevas oportunidades, diseñando una singular y novedosa estrategia de aprovechamiento sostenible de nuestros recursos naturales.