Discurso de Juan Vázquez en el encuentro con Albert Rivera el 28 de marzo de 2019 en Oviedo y publicado por La Nueva España el domingo 30 de marzo en su edición en papel. 

No sé si a algunos de ustedes les habrá ocurrido como a mi, pero la primera vez que supe de Albert Rivera lo vi desnudo. Me refiero, claro está, a aquel cartel de las elecciones catalanas en que aparecía, bueno…casi desnudo. Aunque entonces lo que buscase fuese el impacto, visto con perspectiva aquello tenía la simbología de un nacimiento.

Desde entonces han crecido él y su partido y ha ido vistiéndose con ropas tejidas a base de la defensa valiente del marco constitucional y de la unidad de España; de convicción en la regeneración política, el reformismo económico, la modernización social y el europeísmo en el horizonte.

Comprenderán que para mí la peor desnudez es la ideológica, la de quiénes se han quedado solo con el maquillaje, o con vestiduras que desprenden olor a naftalina. No es, desde luego, el caso de Albert Rivera ni de Ciudadanos, que tienen discurso, ideas, proyectos, imprescindibles en el momento decisivo que vivimos en España y en Asturias.

Si Ciudadanos existe me parece que es, sobre todo, para devolver a su sitio a una ciudadanía que salió de la imagen en una maraña de políticas identitarias y de discursos fragmentadores de la diferencia. Para combatir la brecha que amenaza con romper el espinazo democrático vertebrador de las sociedades, cuando las vidas de unos tienen poco que ver con las de otros.

Razones como ésas son las que ha llevado al desánimo a muchos segmentos de la ciudadanía, que tienen motivos para el enfado y el desconcierto. A esa ciudadanía desencantada y que se siente sin voz es a la que Ciudadanos tiene que hablarle; a la que tenemos que decirle que no es tiempo para la desbandada sino para el reagrupamiento, no para el sálvese quien pueda sino para el todos juntos. Que es tiempo de pasar de las viejas consignas, de los imposibles delirios, a los proyectos compartidos capaces de afrontar nuestros problemas.

El descrédito, además, se ha filtrado por demasiados rincones. Nuestra fortaleza moral e intelectual se ha resentido y es como si se hubiese agostado el campo del pensamiento. Por eso, tenemos también que rearmar las ideas e impulsar una nueva ética de la vida democrática, poniendo a las instituciones por delante de los símbolos, porque ése es el mayor patriotismo, y a los ciudadanos por delante de los pueblos, porque los derechos son de la ciudadanía.

Los tiempos son inciertos, los retos urgentes, los desafíos de una gran envergadura y de nosotros se espera algo más que la rabia, que la indignación y que los gritos, porque para lo que estamos es para proteger conquistas costosamente alcanzadas, para plantear nuevas metas compartidas, para anticiparnos y tomar la iniciativa ante los cambios que se avecinan. Para oponer, frente al marketing político o la emoción demagógica, la razón politizada de un centro con mucho discurso.

Pero permítanme, además, mencionar muy brevemente tres ideas para Asturias. La primera es que Asturias necesita un cambio de rumbo, de ciclo, de política y de políticos. La izquierda y la derecha, y el bipartidismo complaciente, ya han tenido su oportunidad y es el momento de probar las fórmulas de un liberalismo progresista y una socialdemocracia renovada. Pasó lo viejo, casi todo es nuevo, y ahora toca pensar la Asturias de los próximos veinte años y alumbrar un proyecto en el que quepamos todos.

La segunda idea, es que frente a la Asturias del declive y del desaliento, creo en una Asturias de la esperanza, en la que el desánimo deje paso a la ilusión y la confianza. Lo que nos ocurre no es inexorable y, frente a la melancolía o la impotencia, frente a quiénes nunca pierden la oportunidad de perder una oportunidad, yo me declaro un optimista paciente, confiado en nuestro talento, imaginación y capacidades para hacer una Asturias más próspera.

Y la tercera idea, es que podemos hacerlo de otra manera. No con una política convertida en campo de batalla. No con dos narraciones antagónicas sino con un relato compartido. No con un frentismo de derecha e izquierda, sino como una opción entre la vieja y la nueva sociedad y desde una posición centrada como antídoto de la polarización, porque eso es lo que crea comunidad y evita la división social. 

Cada vez que un líder nacional visita Asturias, nos habla de conquista o de reconquista. Nosotros vamos a hablar de renacimiento, o de resurgimiento, convencidos de que lo que necesitamos es coraje y no complacencia, liderazgo y no marketing, ideas y no retórica, compromiso y no solo buenas intenciones.

Lo que vamos a proponer no es para continuar sino para el cambio de rumbo que necesita Asturias y buscaremos sumar, unir y alentar soluciones, pasar de los consensos para resistir a los consensos para cambiar. Lo que queremos es dinamizar la economía y la empresa porque para poder repartir, primero hay que saber crear, y atender de ese modo tanto al dinamismo en la creación de riqueza como a la inversión en protección social.

Lo que ofrecemos es capacidad y solvencia, estabilidad y certidumbre, responsabilidad para huir de las soluciones sencillas a problemas complejos, retos compartidos más que promesas fáciles, ambición sin escamotear deberes, para que nos preguntemos todos qué podemos hacer por Asturias.

Ésta es una tarea de ahora que no podemos permitirnos el lujo de dejar para más tarde. Es una opción entre la comodidad y el interés público, entre el impulso y la decadencia, entre el aire fresco de la renovación o la parálisis. Yo no me resigno a la resignación y estoy convencido de que Asturias puede ir mejor, mucho mejor. Para eso estamos aquí: para una Asturias dinámica, abierta y solidaria, para una nueva ilusión que nos merecemos en Asturias.

Juan A. Vázquez

Candidato a Presidente del Principado de Asturias