La IA es ahora, pero el teatro es el futuro

Escrito el 13 Oct, 2023

Últimamente, con el aluvión continuo de nuevas herramientas que hacen uso de la inteligencia artificial, me resulta casi inevitable reflexionar sobre el lugar que vamos a ocupar en las próximas décadas los que nos dedicamos a la creación. Evidentemente, no soy el único, ni el primero, ni, con toda seguridad, el que le haya dedicado más tiempo mental a esto en los últimos años o meses, pero aquí estoy escribiendo sobre ello y esperando que lo lea gente.

La reciente huelga de guionistas en Estados Unidos, cuna de la industria del entretenimiento y la cultura moderna, ha puesto de manifiesto muchas precariedades del sector (que en España ya nos gustaría siquiera aspirar a ellas), pero también (junto con la huelga de actores) un miedo muy justificado a que las inteligencias artificiales reemplacen a los creadores, creativos o guionistas en alguna o todas las fases de un proyecto audiovisual.

“Las inteligencias artificiales no pueden escribir nuestras series y películas.”

“Las películas no pueden estar protagonizadas por robots.” 

Son algunas de las frases que hemos leído o escuchado en los discursos durante ambas huelgas (actores y guionistas) y que sintetizan el miedo que se le tiene a este titán formado por los intereses de los mandamases del show business y la incipiente utilización de la inteligencia artificial en los procesos creativos de la producción. Entiendo y comparto todos esos miedos y los gestiono mezclándolos con una fascinación (que siempre he tenido) por la tecnología y por abrazar el uso de sus avances en el día a día de mi trabajo

Tuit de la cuenta del sindicato de guionistas Alma.

Sin embargo, esta mañana pensaba que, mientras todo el mundo está acojonado con que la IA escriba las películas, las series o los chistes de un late night, parece que estamos pasando por alto que, con la capacidad potencial de “creación” de imágenes, imágenes en movimiento y sonido que tiene la IA, probablemente lo que acabe sustituyendo ésta sea el proceso completo de producción de un contenido audiovisual, en su conjunto.

Me explico; si de unos años a esta parte, se ha democratizado la comunicación y difusión de información y contenido (gracias a una conjunción de abaratamiento y simplificación de herramientas, procesos y distribución), poco va a tardar en democratizarse (más) la producción de contenido audiovisual de ficción o entretenimiento. Intento explicarme mejor; yo, sin ir más lejos, tengo en el cajón de proyectos multitud de guiones terminados a la espera de encontrar financiación para llevarse a cabo. ¿Creéis que falta mucho tiempo para que yo pueda introducir mi guion como parte de un “prompt” a una inteligencia artificial y que genere todo un largometraje “creando” las imágenes, los actores, el audio de las líneas de diálogos, la música… Y acabe componiendo en un video que cumpla (más o menos) con los estándares exigidos por el consumidor actual de entretenimiento audiovisual? Yo creo que no. No falta mucho.

Y eso me lleva al pensamiento que da título a esta reflexión. Viviremos una tromba de contenidos (como si no tuviéramos ya petada nuestra lista de pendientes) y sentiremos, probablemente, que la conexión espiritual, catártica o sensacional con ese tipo de producciones no es la que esperamos o directamente no llegue a producirse. Con el tiempo, incluso, llegaremos a no distinguirlas de las creadas a través del proceso “tradicional”.

¿Qué nos salvará entonces?

La imagen que encabeza la entrada. (Obviamente, creada con inteligencia artificial).

¿Cuál será el reducto de la creación humana que aguantará este varapalo gracias, precisamente, a los elementos que lo definen? Efectivamente, el hecho teatral. Teniendo que dotarse éste de una fisicidad ineludible, y puede que también discutible. (Pues no es la primera vez, ni será la última, que divago para después discutir con alguien de la profesión (teatral) qué es o qué no es imprescindible para que llegue a producirse el hecho teatral.)

Y por si no ha quedado claro, sí. Hablo del hecho teatral, no del teatro en general, que puede considerarse que tiene una dualidad a la hora de concebirse: la parte literaria (correspondiente al texto) y la parte espectacular (la que se da en un teatro o cualquier otro espacio alternativo); la que implica, forzosamente, al público y a los actores o actantes. Humano y humano compartiendo espacio, tiempo, sensaciones y emociones.

Así que, desde la precariedad de consumo actual que vive el teatro (en comparación con el contenido audiovisual de entretenimiento), creo, en estos momentos, que si bien para los de dentro, el teatro siempre es presente, para los que miran desde fuera, ahora más que nunca, el teatro es el futuro.

1 Comentario

  1. Es un buen pensamiento, el calor humano jamás será «comprado» por una maquina.
    Espero no ver jamás un calor creado por una Inteligencia Artificial

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